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Astaná
Astaná, capital de Kazajstán y de la provincia de Akmola, está situada en la parte centro-norte del país, en una región de estepas semidesérticas a orillas del río Ishim.
Un insignificante centro agrícola durante la mayor parte de su historia, sustituyó a Almaty como capital del país en diciembre de 1997.
En 1800 fue bautizada Akmola - que de acuerdo con la versión más popular significa “sepulcro blanco” - por los rusos que fundaron allí una fortaleza.
Ubicada en la legendaria Ruta de la Seda, era el punto donde comerciantes procedentes de Rusia, China y Asia central comerciaban ganado y productos agrícolas.
Después de la Gran Revolución Socialista y el establecimiento del poder soviético, la ciudad se convirtió en Akmolinsk, para luego rebautizarla como Astaná, que significa “capital”.
Los alrededores de la ciudad son casi totalmente llanos, dominados por gélidas estepas que la transforman en una de las capitales del mundo con el clima más frío.
Ya sea que la ames o la odies, lo cierto es que ha llegado para quedarse. Desde 1997 su horizonte se ha vuelto fantástico, con la combinación de atrevidos edificios islámicos, soviéticos, occidentales y locas influencias futurista.
Para cambiar drásticamente la cara de la ciudad, los arquitectos y constructores han creado maravillosos conjuntos arquitectónicos, en los que se combinan modernos colores con el diseño oriental.
Astaná hoy cuenta con una flamante sede de gobierno y nuevas oficinas de negocios, hoteles de buena calidad que dan acogida a los visitantes, bloques de apartamentos ajustados a las normas europeas, plazas y bulevares encantadores, modernas carreteras, y un agradable paseo fluvial en ambas márgenes del río Ishim.
Si bien algunas personas la encuentran un poco impersonal, y comparan la pobreza en la que algunos kazajos siguen viviendo con los millones gastados en la arquitectura de fantasía, la mayoría de los habitantes se sienten muy orgullosos de su nueva capital.
Nos alojamos en el Radisson SAS Hotel Astana, un lujoso hotel en el centro de la ciudad. No es que haya mucho para elegir, pero este hotel es bueno para los estándares locales, aunque algo caro.
Astaná ha crecido en estilo y vanguardia arquitectónica en los últimos años, con una gran cantidad de rascacielos futuristas y altos edificios de oficinas que realzan el paisaje urbano.
La Torre Baiterek, una estructura en forma de árbol que sostiene una gigante bola de oro, se ha convertido en el símbolo de la ciudad y su tarjeta de presentación.
La construcción tiene 105 metros de altura, y en la marca de los 97 metros hay una cabina de observación que proporciona una espectacular vista de pájaro de la ciudad.
La cifra 97 no fue elegido al azar: simboliza el año del traslado de la capital desde Almaty a Astaná. La Torre Baiterek también alberga una galería de arte, un gran acuario y un restaurante.
Otros lugares de interés turístico incluyen el Palacio de la Paz y la Concordia, la pirámide de vidrio diseñada por el arquitecto británico Sir Norman Foster, el Palacio Presidencial de mármol azul con cúpula en forma de yurta - casas desmontables originarias de las estepas de Mongolia -, y la mezquita blanca y dorada Nur Astaná, la casa de culto más grande del país.
El complejo de entretenimiento Duman es un fantástico lugar de recreación pública con un “Oceanarium”, una sala de cine 3D, teatro, máquinas tragamonedas y juegos interactivos, sala multifunción, bolera, club nocturno, casino, parque acuático cubierto, hotel, cafés y restaurantes.
También visitamos el Museo de Historia de Kazajstán, la Catedral católica romana, el moderno distrito gubernamental, el mercado y el puente peatonal cerca de las playas.
A la noche, la ciudad cuenta con funciones de ópera, teatro y ballet, varios restaurantes y populares clubes nocturnos como Chocolate, Ice y Escape.
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